El arquitecto Dr. Cristián Berríos Flores, docente del departamento de Diseño y Teoría De La Arquitectura, presenta su columna titulada: El centro como proyecto: una cuestión de escala. Publicada en Diario El Sur.

El centro de Concepción no enfrenta un problema de transporte. Enfrenta un problema de escala. La superposición entre la lógica del flujo y la condición del lugar ha producido un espacio donde la locomoción colectiva, siendo necesaria, termina por imponerse como forma dominante, erosionando la experiencia del peatón y debilitando la vida urbana que el propio centro debería sostener.

Conviene decirlo con claridad: un centro no es un corredor. Es un lugar. Su sentido no radica en facilitar el paso, sino en permitir la permanencia. Sin embargo, el trazado actual atraviesa su núcleo como si se tratara de una infraestructura de tránsito, subordinando todo lo demás a esa condición. El resultado es conocido: ruido, fricción, discontinuidad, una escala que no admite detención.

Trasladar progresivamente estos recorridos hacia el perímetro no es una medida radical, sino una corrección elemental. No implica prescindir del transporte, sino reorganizarlo. Acercar la movilidad al borde para recuperar el interior y permitir que el acceso se produzca a pie como forma básica de apropiación del espacio urbano. El transporte no desaparece: se reordena en función de un sistema más equilibrado.

Peatonalizar, en este contexto, no es cerrar calles. Es restituir una jerarquía. Es permitir que el centro deje de ser un espacio de paso y recupere su condición de lugar. La experiencia comparada es clara: lejos de debilitar la ciudad, estas transformaciones activan la economía, intensifican la vida cultural y densifican los usos urbanos. No son operaciones aisladas, sino parte de una idea consistente: la ciudad se mide desde el peatón, no desde el flujo vehicular.

En Concepción, en cambio, la discusión se posterga. Se diluye en soluciones parciales que evitan abordar el problema en su raíz. Hay en ello una resistencia a pensarse en la escala que la ciudad ya ha alcanzado. Porque Concepción no es una ciudad intermedia cualquiera. Es una de las principales capitales del sur de Chile, con un espesor cultural y universitario singular.

La revitalización del centro depende de una transformación estructural. Un espacio caminable no solo mejora la experiencia urbana; reconfigura el comercio y extiende los tiempos de uso. En ese escenario, la red de galerías deja de ser un vestigio para convertirse en soporte activo de la vida urbana.

Lo que está en juego no es una medida puntual, sino un proyecto de ciudad. Trasladar el transporte al perímetro y consolidar un centro peatonal ampliado es, en el fondo, asumir que la ciudad no se organiza solo en función de sus flujos, sino de sus lugares. Concepción dispone de las condiciones para hacerlo. Lo que falta no es diagnóstico, sino decisión.