Voluntad de poder: profanaciones obscenas. Por Rubén Muñoz
02·06·21
Proyecto de “Lorenzo Fluxa arquitectos” para la esquina de San Martín con Orompello y la
Diagonal. Ilustración: Matías Muñoz.
La siguiente columna fue desarrollada  por el arquitecto Dr. Rubén Muñoz Rodríguez ,docente del Departamento de Diseño y Teoría de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño de nuestra casa de estudios. Publicada en el diario El Sur, edición domingo 30 de mayo de 2021 

¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener.

Pedro Lemebel

Si nos propusiésemos escribir una genealogía de la arquitectura local, con sus promiscuas influencias, sus espléndidos mestizajes, sus voluptuosas voluntades de poder construir un mundo, dispondríamos de pocas evidencias patrimoniales construidas para poder interpretar los discursos dominantes de cada época. Al respecto, cabría reflexionar sobre el momento previo a construir,  sobre la posición frente a la que cada actor se sitúa, autoridades, promotores públicos y privados, arquitectos y habitantes.

Resulta recurrente escuchar casos más o menos felices de arquitectura contemporánea construida por amor a la madre, al padre, a la persona amada, a los hijos, a una amistad. En otros tiempos, era más frecuente escuchar de casos dignamente construidos por amor a los más desdichados, a los desamparados, a los abandonados por la sociedad.

Si retrocedemos en el tiempo, los vestigios más antiguos que conservamos en Latinoamérica fueron  construidos -con fascinación, temor y temblor- por amor a los “dioses”, monumentos sagrados como formas de mediación con un “poder absoluto” frente al “misterio” de la existencia.  En la cosmogonía cristiana, el monumento se transforma en espacio interior para la reunión de la comunidad,  en esa “especie de espacios” hoy vacíos, a veces reina una serena penumbra luminosa, apacible, compasiva, otras veces, la oscuridad más tenebrosa, la voluntad de poder más siniestra, la que se ejerce sobre la conciencia. No hace mucho fue demolida “La Cañada”, un espacio donde el poder coqueteaba con la fe, un edificio enchapado en ladrillo y maderas nobles, que predicaba haber sido construido por amor al trabajo y que fue consagrado por amor al estudio, para posteriormente ser vendido y profanado, construyendo los 20 anodinos pisos de una “Smart-tower” proyectada por “Víctor Lobos arquitectos” en Barros Arana 1672. Esta operación, junto a muchas otras demoliciones recientes,  atentan contra los principios más básicos de sostenibilidad, destruyendo -en lugar de reconvertir- edificios en perfecto estado, evidenciando la irracional desmesura del valor del suelo fruto del desarrollo inmobiliario de los últimos años, con una arquitectura construida por un gran amor, el dinero, que frecuentemente comparte sus deseos insatisfechos con una amante, la usura.

Teñido con la misma voluntad de poder -destruir-, se proyecta profanar la calle de mayor valor cívico-patrimonial de Concepción, la Diagonal Pedro Aguirre Cerda, declarada Zona de Conservación Histórica. Se trata de la construcción de 20 pisos en la esquina de San Martín con Orompello y la Diagonal. Su permiso de obra fue aprobado el 22 de marzo de 2021, 10 días antes de que Sebastián Abudoj, Secretario Regional del MINVU, con una demora imperdonable al fin habilitara al municipio -tal como este lo solicitó en primera instancia el 6 de enero de 2020- para el congelamiento de los permisos de nuevos edificios que no se ajusten a la 15 modificación al PRC, como es el caso.

Pareciera que no va quedando arquitectura inocente, pero no quisiera dejar sin nombrar la arquitectura que se sigue construyendo por amor al oficio, en palabras de Qohéleth, “no hay nada mejor para el hombre que gozar de sus obras, pues esa es su paga”, y para cuando no se permita desarrollar un oficio con dignidad, nos queda una poderosa voluntad de poder, la de responder junto a “Bartleby el escribiente” de Melville, “preferiría no hacerlo”, la voluntad de poder decir “no” como ciudadanos a esa “obscena glotonería de tanto tener”.


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